Lo que no sabemos de nuestra propia riqueza: Paramillo y las especies que casi nadie nombra
El Nudo de Paramillo es hoy la zona con mayor concentración de alertas tempranas de deforestación de todo el país: el 35% del total nacional. En Córdoba, de las 2.122 hectáreas de bosque perdidas en el reporte más reciente del IDEAM, 1.438 hectáreas cayeron dentro del propio parque. La causa se repite desde hace años, sin variar: tráfico ilegal de madera, cultivos de uso ilícito y minería ilegal. En 2023, una operación conjunta de MinAmbiente, Policía y Fiscalía ya había desmantelado una organización que arrasó más de 8.000 hectáreas allí, con 22 capturados. La rendición de cuentas es posible. El problema es que sigue sin ser suficiente. Y aquí está lo que casi nunca se dice: no se puede proteger lo que no se conoce. En el sur de Córdoba damos por hecho especies que llevamos toda la vida viendo sin saber lo que realmente representan. El salta arroyo —ese lagarto que corre sobre el agua, el mismo que en otras partes llaman lagarto Jesucristo— pertenece al orden Squamata: un linaje de reptiles que ya existía y se diversificaba en el Mesozoico, la misma era de los dinosaurios. Cada vez que uno cruza corriendo sobre un arroyo del Paramillo, está viendo un descendiente de una estirpe que compartió el planeta con esos gigantes. Ecológicamente no es decorativo: es un depredador que controla poblaciones de insectos y pequeños animales en las riberas. Su categoría de conservación es "preocupación menor" —pero la ficha técnica lo dice sin rodeos: la destrucción de su hábitat es la amenaza principal. No hace falta que una especie esté en peligro crítico para que la estemos perdiendo localmente. Basta con secar o contaminar el arroyo del que depende. La chicharra tiene una historia todavía más profunda. Pasa hasta 17 años bajo tierra alimentándose de savia de raíces, y emerge apenas unas semanas para reproducirse y morir. Ese cuerpo, esas mudas de exoesqueleto que deja atrás, alimentan la actividad microbiana del suelo y aceleran el ciclo del carbono — un servicio ecosistémico real, documentado, que sostiene la fertilidad del bosque. Y en el saber que se transmite de generación en generación en nuestro territorio, la chicharra es más que un insecto: es la que anuncia lo que viene. Ese conocimiento tradicional no es superstición vacía — tiene una base real, porque su ciclo biológico se activa justamente con los cambios de temperatura y humedad que preceden a las tormentas. Esto es lo que significa tener empoderamiento territorial: no es solo saber qué leyes protegen a Paramillo, es saber qué hay adentro de Paramillo, y por qué cada especie que perdemos es una pérdida que no se mide solo en hectáreas. ¿Qué otra especie de nuestro territorio cree usted que merece que la conozcamos mejor? Cuéntenos. #JurídicoSaraCarrascal #DerechoMineroAmbiental #JusticiaAmbiental #MineríaParaLaVida #SurDeCórdoba
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